Atenea se puso rígida. Su corazón latía salvajemente en su pecho. El nombre destrozó algo dentro de ella.
Skyrana.
Resonó en los huesos de Atenea como una campana antigua que repica a través del tiempo. Sus rodillas casi se doblaron. Se tambaleó hacia atrás un paso, su corazón latía con fuerza como si intentara escapar de su caja torácica. La tierra bajo sus botas ya no se sentía real.
Nunca antes había escuchado el nombre pronunciado en voz alta con tanta certeza y familiaridad que llamara al