CAPÍTULO TREINTA Y TRES: LA VOLUNTAD DE DIOS
Siendo citados a las ocho de la noche, en la casa que Yahir ya no había pisado desde el momento en que pasó aquel incidente y del mismo que Yahir no parecía poderse escapar, el señor Ferrer llegó acompañado de sus h9ombres como era siempre. En la sala de espera ya estaban sus dos nietos porque no importaba si lo quería ver a sí o no, los dos eran sus nietos.
—Solo cuando necesitas algo de mí, ¿vienes a la hora que te cito, Yahir Ferrer? —Pregun