CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO: UN UNIVERSO ALTERNO
LOS ÁNGELES, ESTADOS UNIDOS.
El cabello color castaño, no corto, no largo, los labios rojos, el vestido del mismo color, largo por supuesto, porque si había algo que compartía con su hermana, era aquella manera perfecta de vestir, vestidos largos que ocultaban la realidad de su esencia, la misma que la hacía elegante, la misma que la hacía completamente sensual ante las personas que la rodearan y sobre todo, ante los hombres a su alrededor.