CAPÍTULO CUARENTA Y CINCO: EL INFIERNO EN QUE VIVIMOS
Subiendo las escaleras de manera apresurada, Rodrigo solo tenía una cosa en mente y para ser más específico, solo tenía una persona y que era la misma que debía de estar sufriendo por lo que su primo le estaba haciendo sin entender que ella no tenía la culpa de nada, que ella solo había sudo jugada y demás, ella solo era una simple monja que había llegado a la vida de ellos con un fin que ninguna de las personas de ahí parecía entender