— Eso es mentira - Irene no daba crédito a las palabras de su hijo, pero mirando la furia en los ojos de Aidan supo que no estaba mintiendo, de hecho Aidan nunca inventaría en algún suceso como aquel.
— Ve a acostarte, yo esperaré a mi padre aquí - Aidan estiró sus largas piernas hasta acomodarse en el sofá, Irene no protesto y subió hasta su habitación sintiendo su corazón pesado, no esperaba que Carlos fuera capaz de hacerle daño a alguien aunque siempre escuchaba de la maldad no pensó qué se