Bajo la bendición de la Luna II
El amanecer los encontró ya en marcha. El sendero de regreso a Imperial se abría entre montículos cubiertos de nieve vieja, donde las huellas de animales se cruzaban con las marcas de las botas de Mohan. Ana caminaba detrás de él, envuelta en silencio, aún con el recuerdo de las aguas termales sobre la piel.
El sol apenas filtraba su luz entre los árboles, tiñendo de cobre las ramas más altas. Nadie había hablado desde que partieron; no hacía falta. Mohan era un