Bajo la bendición de la Luna
El sueño comenzó como un eco de la historia que Mohan había contado.
Ana se vio a sí misma en un pasillo oscuro, con los pies descalzos sobre piedra húmeda. Escuchaba una voz —la voz de Ashven— diciéndole que debían escapar, que el mundo afuera era distinto. Pero algo en su pecho ardía, un fuego desconocido que la llenaba de rechazo.
-No. -Dijo en el sueño. -No quiero irme.
La figura frente a ella la miraba con una mezcla de furia y decepción. Ashven extendió la mano, intentando acercarse, pero Ana —o la sombra que era ella en ese sueño— retrocedió, temblando.
-No hay nada allá afuera para mí -Susurró.
Cuando intentó tomara su cuerpo reaccionó a la defensiva, entonces lo atacó. Sintió sus manos cerrarse en torno a su cuello, la lucha breve, el golpe seco. El miedo mezclado con una culpa que no entendía.
Y en un instante, el rostro de Ana se deshizo en humo, transformándose en el del hombre del que Mohan había hablado: el prisionero que se negó a ser libr