Otro Día I
El sonido de la puerta al abrirse la hizo tensarse, como si el cuerpo aún no comprendiera que ya no corría peligro. Llevó las manos a los ojos, limpiando las lagañas de la noche, y trató de acomodarse el cabello enredado que le caía por la frente. El movimiento la hizo notar lo rígidos que tenía los dedos; las articulaciones le dolían, pero al menos podía sentirlas.
La silueta que apareció en el umbral era femenina. El aroma le resultó familiar: una mezcla de nieve derretida, cuero h