–Tengo miedo –susurró Helen abrazando a Dante.
–No tienes porqué tenerlo, yo lo amenacé si, pero ni por asomo lo maté –la abrazó y le besó la frente.
Era muy tarde ya, estaban acostados en su cuarto en la penumbra que siempre solían dormir, abrazados, besándose y más unidos que nunca.
–Yo no tengo la menor duda de eso, pero no sé, tengo miedo, es...es como si esto se fuera a enredar.
–Es que estás muy sensible, es normal, estás embarazada, por cierto, ¿cuando sabremos el sexo?
Helen sonrió –la