18-ROMANOV.
–Tranquila, era el señor con la comida.
Anuk relajó tenciones, al parecer iban a pasar una noche tranquila.
***
–¿¡Pero cómo fue eso!? –dijo Andrés por teléfono –no, no quiero que hagan nada, dejen que la policía trabaje.
–¡Maldición! –tiró el teléfono contra el sofá.
–¿Algún problema? –preguntó Helen que entraba a la sala en ese momento.
–Tus amiguitos –respondió enojado.
–No entiendo.
–El ruso del puerto, que agarró a Anuk de rehén.
Helen se quedó asombrada –¿estás seguro? eso no pue