50. PON UN BEBÉ DENTRO DE MÍ
ISABELLA
Sus manos se apretaron en mis nalgas, controlándome mientras empujaba en el calor de mi funda.
—Nena, aahh, qué rico, qué apretada… ggrrr… no puedo parar… ahah, no puedo, pequeña…
—No pares… aaah, no pares, sí, sí, sí, métela toda, quiero sentirte, mi príncipe… ahhh, sí, mi amor, más, más…
El cuarto de baño se llenó de ecos que harían ruborizar hasta a la más descarada.
Abrí mis piernas para él y me aferré a su espalda, clavando mis garras en sus músculos tensos.
Kaden me empotró contr