49. PÍDEMELO COMO MI MUJER
ISABELLA
—¡Aahh! —gemí, inclinándome hacia atrás y volviéndome a aferrar al lavabo, con las nalgas en el peligroso borde, mientras esa bestia hambrienta lamía desde mi culo hasta mi clítoris, recogiendo todos mis jugos.
Una y otra vez, jugando con mi cordura, con sus dedos exponiendo la caliente entrada, tentándola y provocándola.
—Kaden… adentro, ashhh adentro, bebé… —le empujé un poco la cabeza; su boca chupando mi clítoris me tenía derretida.
Miré hacia abajo para verlo entreabrir los ojos p