22. GANANDO UNA APUESTA
WILLIAM
Perdí la cuenta de las botellas que Savannah se ha tomado.
Maldición, esa chica sí que tiene aguante, pero no importa lo ruda que sea, al final es una pequeña Omega… una muy borracha ahora mismo.
Le silbo, bebiendo relajado en mi sofá, mientras nos tortura desde el pequeño escenario iluminado con las luces de neón.
Canta como una urraca al borde de la muerte, pero se lo está pasando bomba y al menos uno de nosotros es realmente feliz.
Sus amigas están sentadas en uno de los tantos sofás de cuero de esta salita privada en la pista de motocross.
La Alfa grandota mira de manera extraña a la otra Omega y por su cara arrugada, creo que está a punto de vomitar.
Le pido a Harper que se la lleve al baño en el pasillo y lo hace, porque lo que menos quiero es un reguero de vómitos por toda la alfombra.
Esto es bastante lujoso considerando el dinero que le hemos inyectado para venir a practicar.
Sobre todo Kaden, que es un fanático de las carreras.
—¡Eso, baby, mátanos con tu veneno! —le