181. UNA LOBA DESCARRIADA
KIARA
La respiración se me detuvo, sintiendo su aliento caliente sobre mis labios.
—Sabiendo que estoy de este lado y te acaricias solo para mí, poniéndome bien dura la polla… ¿me darías ese placer lobita?
—¡Me voy a dormir! —me incliné tan rápido hacia delante que mi frente chocó contra la suya con fuerza.
Auch, qué dura tenía la cabeza… ¡la cabeza de arriba!
Corrí como una verdadera conejita asustada por un depredador y salté a través del reflejo con el hechizo activado.
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