8.
—Ya sabía que ibas a llegar tarde, así que la fui a buscar —dice mi madre mientras le sirve a Mariana un pedazo de pastel—. Toma, cariño, debes estar hambrienta.
—Pues pudieron avisarme, para no tener que conducir hasta el otro lado de la ciudad —protesto.
Acabo de llegar a la casa, ya son las siete de la noche. Me siento mareada del cansancio. No he comido por dos días, he sobrevivido con café y nada más.
—Por eso te llamé, pero como no contestabas —suelta Mariana y empieza a comer su rebanada