—Oh —dijo Angeline en voz baja.
—Ella nos dio su aprobación, a su manera.
Angeline trató de imaginar cómo tuvo lugar esa conversación.
—¿Lo sabe Eliza? —Se sonrojó de nuevo—. Lo que hicimos, quiero decir...
—No, pero ella sabía lo que sentía por ti. Lo que todavía siento por ti. —Tomó su vaso de vino y lo dejó sin beberlo—. Angeline , ¿puedes perdonarme?
Se asustó.
—¿Perdonarte? ¿Por qué?
—Nunca debí dejar que las cosas sucedieran como sucedieron. Si cualquier otro hombre te hubiera tratado as