—¿Sus padres? —preguntó Bill.
Ella asintió con la cabeza, pero no dijo nada.
—Siento si nuestra llegada le ha removido en la memoria su muerte. Sé que entiende por lo que Lily y Thomas están pasando. Mejor de lo que yo podría hacerlo.
Sus ojos eran brillantes y azules, y ella sabía que podían dedicarle la más gentil de las miradas tanto como la más mordaz. Unos ojos tan inteligentes que reflejaban su razonamiento de que, si podía comprender cómo se sentían los niños, ella más que nadie debería