Arielle
Suspiré de placer por sus besos, queriendo pasar el resto de mi vida entre esos brazos y con esa boca sobre mi piel, pero ya era tarde y debía volver a mi casa.
Habíamos pasado todo el domingo juntos, desnudos y enredados en la cama como dos adolescentes. No quería dejarme ir y tampoco me quejaba, para nada. Disfruté cada segundo, pero el momento de volver a la realidad había llegado y debía prepararme para volver a las prácticas mañana.
-Tengo que irme -susurré.
Acarició mi piel con su