Apagué mi coche y miré con atención la casita oculta detrás de los árboles. Había tanta vegetación que si no mirabas de cerca, era posible pasarla por alto. Lo único que delataba su ubicación era el camino de tierra que recorría el jardín hasta la puerta.
Me acerqué observando y buscando detalles que me indicaran que alguien vivía allí, y sí. Las ventabas estaban abiertas y se veía que alguien había limpiado las hojas del porche.
Respiré hondo, intentando calmar mis latidos y cerré mis ojos un