Después de algunas horas, por fin llevaron a Oliver de regreso con sus padres. El pequeño iba envuelto en su cobija celeste y vestido con un diminuto trajecito verde. Dormía profundamente, ajeno al miedo y al caos que había provocado su desaparición. Su respiración era tranquila y su pequeño rostro volvía a tener ese delicado color rosado que tanto había preocupado a los médicos recuperar.
Olivia se incorporó con cuidado sobre la cama. Aún sentía dolor en el abdomen, pero apenas vio a su hijo e