En la clínica, un equipo completo de médicos revisaba minuciosamente al pequeño Oliver. Le realizaron todos los exámenes necesarios para asegurarse de que la caída al agua no hubiera dejado ninguna secuela. Después lo acomodaron dentro de una incubadora para ayudarlo a recuperar su temperatura corporal, mientras los monitores registraban constantemente cada uno de sus signos vitales.
Olivia tampoco se encontraba bien. El esfuerzo de correr apenas unas horas después de una cesárea había resentid