Noah condujo a toda velocidad hacia el departamento de Adrián. Apenas consiguió que el teléfono encendiera unos minutos gracias al cargador del automóvil, llamó inmediatamente al profesor. No hubo reproches ni preguntas. Adrián simplemente le dio la dirección y cortó la llamada. Noah entendió que aquello significaba una sola cosa: Olivia aún estaba allí.
No tardó más de quince minutos en llegar, apenas estacionó, salió prácticamente corriendo y comenzó a tocar el timbre con desesperación.
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