Al llegar a la mansión, Noah llevaba al pequeño Oliver profundamente dormido entre sus brazos. El bebé descansaba plácidamente, ajeno a todo lo ocurrido durante el día, con una de sus diminutas manos apoyada sobre el pecho de su padre. Apenas cruzaron la puerta principal, la ama de llaves apareció apresurada.
—Yo lo llevo, señor.
Noah asintió en silencio y le entregó cuidadosamente al pequeño. Sin perder un segundo, volvió junto a Olivia y, antes de que ella pudiera decir una palabra, la levant