ANGÉLICA
Las estrellas observaban nuestra angustia y hasta podía oírlas decir que nada de esto seria fácil, que para recuperar lo perdido había que luchar, porque la felicidad jamás había sido gratis.
Extrañaba el ayer, y odiaba el hoy como nunca. Extrañaba a mi mamá, a mi papá, y al resto de mis hermanos.
No caía en la cuenta que ya no podía hacer nada para recuperarlos, pero una parte de mí rogaba que continuara intentando, que nada estaba perdido, que había una solución para todo.
Sin duda