ANGÉLICA
Eramos cinco personas tiradas en el suelo de mi habitación, mirando el techo. Estaba abrazada a Blenti y él miraba sus manos mientras las hacia danzar.
Iss cantaba de una forma dulce y bonita. Tenía que admitir que su voz estaba llena de melancolía.
Robert tenía los ojos cerrados, pero sabía que no estaba durmiendo.
Ethan estaba fuera, sentado en el tejado de la casa.
—Quédate aquí precioso. —le dije a Blenti, quien asintió sin despegar sus ojos de sus manos.
Me levanté del piso, y en