Mundo de ficçãoIniciar sessãoAdriano besó a Vanessa en la mejilla, ella se movió pero no despertó. Lucía como una niña pequeña que se negaba a despertar, lástima que él no se iba a rendir tan fácil. La besó por todo el rostro una y otra vez y ella frunció el ceño.
—¿Qué hora es? —preguntó con la voz ronca aun sin abrir los ojos.
—Las ocho de la mañana.
—Eso es muy temprano para levantarse un fin de semana. Tengo sueño.
—Lo sé, alborotadora, pero tenemos que ir a un lugar.
—No quiero —di







