Llevaba empapada por Dominic Vale desde los dieciséis años, cuando entré por error a verlo cambiarse después de un día de piscina. Una sola mirada a su polla gruesa y semidura balanceándose entre sus muslos musculosos, con esos huevos pesados y el camino de vello oscuro subiendo por sus abdominales, y nunca me recuperé. Me he corrido en mis dedos, con juguetes y contra la pared de la ducha viendo fotos robadas de él más veces de las que puedo contar.
Hoy, el universo finalmente me dio un regalo