Pasé toda la mañana siguiente intentando no pensar demasiado en la cita para tomar café con Mason, pero claro que eso fue exactamente lo que hice.
No dejaba de reproducir la fiesta en mi cabeza: la forma en que sus ojos se habían detenido en mí cuando entré en la cocina, la pequeña sonrisa que tiró de su boca cuando reconoció que definitivamente ya no era una “niña”, el breve roce cuando me colocó ese mechón suelto detrás de la oreja. No era nada y era todo al mismo tiempo, y para cuando esta