La mañana siguiente llegó acompañada de una lluvia suave que envolvía la mansión Sinclair en una tranquila bruma gris, suavizando el contorno de los jardines que se extendían más allá de los altos ventanales y llenando el aire con el aroma terroso de la tierra mojada y las rosas recién regadas. Evelyn permaneció unos instantes junto a la ventana del dormitorio antes de comenzar su día, observando cómo las pequeñas gotas de lluvia se acumulaban sobre el cristal y descendían lentamente. Siempre l