La mañana llegó silenciosamente a la mansión Sinclair, acompañada por el suave resplandor del amanecer que se derramaba sobre los relucientes suelos de madera e iluminaba cada rincón de la elegante residencia. El ambiente tranquilo no parecía diferente al de cualquier otra mañana de los últimos cinco años. Sin embargo, para Evelyn Carter, todo había cambiado. El pequeño cuaderno escondido en el cajón de su mesita de noche permanecía exactamente donde lo había dejado la noche anterior y, bajo la