La tarde siguiente transcurrió bajo un cielo limpio después de la lluvia del día anterior, dejando a la ciudad envuelta en la nítida luz del sol otoñal que entraba suavemente por los altos ventanales de la mansión Sinclair. Evelyn permanecía sentada en la pequeña sala de lectura con vista a los jardines del este. Un cuaderno descansaba cerrado a su lado mientras una taza de té se enfriaba poco a poco entre sus manos. La casa seguía tan ordenada como siempre, pero no podía ignorar cuánto habían