Cap. 2.1

     La nieve comenzó a desatarse sobre la aldea, fue lo primero que vio Samara a través de la ventana al levantarse bien temprano por la mañana, una vista impresionante al apreciar toda aquella nieve delante de ella, el contemplar el cielo encapotado le recordó aquellos ojos de aquel hombre misterioso.

     Vistiéndose de blanco, abrigada con pieles color ceniza, Samara se enfila para pasear por los jardines, un sirviente dio anuncio de que una carroza había hecho parada delante de la gran casa, por ende, los gritos de advertencias de los sirvientes pasaron a ser ignorados por los oídos de Samara; corrió hasta al frente de la casa para ver quien había llegado, tenía su corazonada, pero quería estar segura, y así fue, su corazonada no le mintió, su amiga Sophie Gerald había llegado esa misma mañana tal cual como había dicho en sus cartas a principio de año, su vestido gris y azul pálido con encajes dorados le resaltaban los rizos de su cabello dorado, sus labios carnosos ligeramente rosados, sus cejas finamente delineadas y unos ojos hermosamente azules, asemejándose a la reina de las nieves.

     Ambas corren al encuentro de la otra, sumergiéndose en un gran abrazo; euforia, gritos y risas de alegría. ─ ¿Cuánto tiempo, Sophie? ─ Yo, también, te he extrañado mucho, no has cambiado nada desde que vine a vuestro cumpleaños ─ Tampoco habéis cambiado nada ─ De hecho, Samara, si he cambiado en algo ─. Charlaban de camino a la casa, una prendida del brazo de la otra, el acento extranjero de su tierra natal, Francia, no podía ocultarlo así no más.

     Caminando hacia el calor del hogar, Sophie se quita el guante que le mantenía la mano tibia para mostrarle el anillo de diamantes más hermoso que jamás había visto, una sortija de compromiso, Samara se queda sin aliento, con la boca abierta llena de asombro. ─ ¿Te vas a casar? ─ En primavera, con Sir Rowan D`pardeu ─. El rubor se subió a las mejillas de Sophie, demostrando que no podía ocultar su emoción, Samara no tenía palabras para expresar lo que sentía, su confusión, su sorpresa, ¿fue arreglada su boda?, ¿fue amor a primera vista?, no sabía si sentir lástima por su amiga o felicidad, solo parpadear ante aquella joya en su dedo con las cejas enarcadas, Sophie inclina un poco su cabeza en busca de los ojos de Samara, en espera de alguna respuesta. ─ Yo… yo… wau, es impresionante de verdad… hem… me alegro por ti, Sophie ─. Samara abraza muy cariñosamente a su amiga por la noticia y Sophie le corresponde al abrazo dándole las gracias.

     Pidiendo a sus sirvientes traer algo de té y panecillos a su habitación, Samara y Sophie se ponían al día con chismes y cosas de chicas; por una vez en la vida, Marie sintió un alivio en el pecho al ver a su hija sonreír de verdad después de mucho tiempo. ─ ¿Cuándo regresa tu hermano? ─. Pregunta Sophie tomando un sorbo de té, Samara no dejaba de lanzar miradas disimuladas a la mano donde su mejor amiga tenía la sortija de compromiso. ─ A decir verdad no lo sé, (sorbo de té), ya debería haber respuesta de él antes de las festividades ─ Admito que tu hermano me encantaba ─ ¿Pero…? ─ Las cosas cambian, supongo… (Suspiro de melancolía), ¿Aun no se ha comprometido? ─ Su compromiso es con la corona por los momentos y con padre ─ Se lo ha ganado, pero ya debería considerar una esposa o llegará a viejo sin herederos ─ Dejemos que mi hermano decida, él sabrá cuando ─ Y veo que vos ha seguido su ejemplo ─ ¿Qué quieres decir? ─. Samara toma un sorbo de té disimulando una sonrisa. ─ He oído rumores que habéis rechazado a todos los pretendientes que vuestros padres os han fijado ─. Samara desvía la mirada por la ventana, como si viera algo en particular.

     ─ ¿Acaso ninguno os cubrís vuestras expectativas o sentís que no estáis a la altura de ellos? ─. Samara lanza un bufido al aire con una amplia sonrisa, restándole importancia a la pregunta. ─ Para nada, Sophie, es que… no lo sé… ellos son… son tan… vacíos… tan llenos de nada… y a lo mejor dirás que estoy soñando demasiado, pero… ─ ¿Pero...? ─. Samara agita su cabeza quitando todo pensamiento de su mente. ─ No, nada, olvídalo ─ A no, ahora vos tenéis que contarme, es de mala educación dejar un chisme a la mitad ─. Protestó Sophie levantando el mentón con solemnidad, permitiendo que ambas soltaran carcajadas cómplices.

     Samara vuelve a fijar la vista en el horizonte muy reflexivamente. ─ No lo sé, Sophie, pero… siento que un mundo se me está negando más allá de estas tierras, siento que yo no pertenezco aquí ─ Es normal cuando no te la lleváis bien con tus padres (media sonrisa) ─ No es eso, no sé como explicarte. Siento que hay algo allá afuera, algo que espera por mi ─ Un hermoso caballero con una resplandeciente armadura esperando por vos para llevarla lejos ─. Samara casi se ahoga con su té. ─ No te burles, Sophie, estoy hablando en serio ─. Sophie suelta una carcajada por la reacción de su mejor amiga, haberla tomado con la guardia baja fue lo mejor. ─ ¡Aja!, si ya tienes a tu caballero, cuéntame, ¿Cómo es él? ─ Mi… ¿Mi caballero? ─. En ese instante se le vino a la mente la imagen de aquel hombre, las mejillas se le llenan de rubor ante la idea, lo cual, Sophie sonríe con complicidad y picardía.

     ─ Con que te lo quieres guardar para ti sola, eso es muy egoísta de tu parte ─ No, no, para nada, es que yo… ─ ¿Temes a que vengan y te lo quiten? ─ ¡No! ─. Sophie enarca una fina y delicada ceja, sonriendo en complicidad, desde luego para Samara las conclusiones de Sophie no tenían nada que ver con lo que realmente sentía, pero por alguna razón en especial, creía que parte de ello tenía que ver con aquel hombre misterioso. ─ Está haciendo calor de pronto, ¿Quieres dar un paseo? ─ Okay, pero creo que estás evitando la conversación ─ Es solo que… ─. Samara susurra. ─. Las paredes tienen oídos ─ Ah… okay… entiendo ─.

     La conversación se profundizó en los jardines, le habló del caballero de ojos azul-plata y el momento en que se cruzaron de miradas, omitió el punto de diferencias de edades, desde luego, Sophie quedó encantada con la descripción, sacando conclusiones del como haría Samara para conocer a su misterioso amigo, todas conduciendo a un romance seguro.

     En la noche se planificó la fiesta en conmemoración a la visita de Sophie, invitados de varias partes de Bristol asistieron a la celebración, el mesón del gran salón fue cubierto por una gran variedad de comida, tartas de frutas, cordero, entremeses, música para amenizar el momento, y ambas amigas bailando con los invitados, Samara con su vestido de seda y gasa amarillo pálido y blanco, adornado con pequeñas piezas de brillantes piedras en los bordes, y el corsé haciendo juego, portando un peinado clásico francés para dar honor a su amiga que la visitaba de tan lejos, ambas vestían de la misma manera para jugar a ser hermanas, sin embargo, la asistencia de alguien inesperado y no deseado frustró la amena noche.

     ─ Me honraría si me permite ésta pieza ─. Una mano tendida aparece delante de Samara, ésta frunce el ceño con los labios tensos en una fina línea, levantando su vestido con una mano, Samara aparta a un lado a aquel joven que quedó plantado en pleno salón de baile aun a la espera de que su invitación fuese concedida.

     Aquel joven de facciones arrogantes y prepotentes, de ojos negros y barbilla afilada, de cabello negro bien peinado, enarca una ceja, tratando de disimular su sorpresa y ver sobre su hombro como se alejaba Samara a zancadas del salón, Sophie se percata de ello dejando su copa en una de las mesas para seguir a su amiga por los pasillos de la gran casa señorial.

     Los oscuros corredores revelados por la luz de la luna que se filtraban por los grandes ventanales, Sophie llamaba a su amiga llena de preocupación, sin embargo, su raudo caminar no se vio sosegado hasta llegar a los jardines del ala sur y sentir como el frío se le colaba por debajo de la falda.

     Samara no supo donde estuvo hasta que el frío comenzó a azotarle los huesos, Sophie, con abrigo en mano, cubre a su amiga, ella llevaba ya uno puesto sobre sus hombros. ─ ¿Qué ocurre? ─ Nada ─. Contestó Samara disimulando su frustración y la respiración agitada. ─ Samara, soy tu amiga y puedes confiar en mí, puedes contarme lo que sea ─. Dijo Sophie frotando sus brazos para hacerla entrar en calor, sus alientos y sus respiraciones se volvían niebla delante de sus narices. ─ Es… es Darrel Morrel, papá insiste en que debo casarme con él ─ ¿Por qué? ─ Prefiero besar a un cerdo que casarme con… Darrel ─ Pues ese cerdo tendrá que hacer fila, mi querida Samara ─. Una voz masculina resonó desde el otro extremo del jardín, Samara observa con el ceño fruncido, llena de ira, era Darrel Morrel caminando con pasos lentos y perezosos, con una amplia sonrisa arrogante en su rostro, apreciando y devorando con la vista lo que tenía en frente de él, a Samara Staghorn.

     ─ ¿Qué haces aquí?, hasta donde recuerde, no te invité a la fiesta de Mi amiga Me invitó tu padre. Que considerado de su parte en que Yo asistiera ─. Darrel se detuvo a pocos pasos de Samara con Sophie de por medio. ─ Pronto, mi amada Samara, muy pronto aprenderás cual es tu lugar ─. Darrel prosiguió su camino hacia la fiesta con su barbilla en alto, con toda su arrogancia, dejándola flotar a flor de piel.

     Cuando la figura de Darrel desapareció de los jardines, Samara soltó un respiro de alivio, sus rodillas le traicionaron, tiritando por el miedo y la impotencia, pero sobre todo por rabia.

     Logrando a duras penas sostenerse de unas de las columnas que comunicaban con el resto del jardín, apretando sus puños, deja escapar un sollozo, Sophie trata de consolarla llevándola a su habitación.

     Una vez allí, Samara le cuenta a su amiga el motivo del arreglo de la boda con Darrel Morrel, por un instante, Sophie sintió pena por su amiga, estar atada a alguien que desprecia era lo peor que podía pasarle, y todo por salvar la vida de un amigo.

     La noche de la fiesta prosiguió sin la presencia de la invitada de honor, ella fingió sentirse algo mal, pero solo para hacerle compañía a su amiga, ambas durmieron en la misma cama de la misma forma de cuando eran pequeñas, recordando cuando una se fugaba de su habitación, escabulléndose para dormir en compañía de la otra, risas llenas de añoranzas resonaron en la habitación, obviamente Sophie era dos años menor que Samara. ─ ¿Cómo conociste a Rowan? ─. Pregunta Samara con la mirada perdida en el dosel de la cama. ─ Bueno… fue en una cena familiar, mi tío Claude lo presentó como un invitado inesperado, eso fue hace cuatro años, lo recuerdo como si fuera ayer, (risa risueña), el cómo me miraba, esos ojos verde mar que me inundaron y me desnudaron el alma, fue… unique, magnifique. Inteligente, fuerte, caballeroso… con el tiempo se dieron cuenta de las cartas que nos enviábamos y mis padres arreglaron todo ─ Ten envidio ─ No te niego… estoy asustada ─. Samara buscó la mano de su amiga, apretándola con dulzura. ─ Tu boda será la mejor del mundo, todos te envidiarán lo feliz que serás ─. Consoló Samara, Sophie sonríe en respuesta. ─ ¿Cómo lo sabes? ─ Simplemente lo sé ─.

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