Cap. 36.2
El hombre buscó al Nefilim con la mirada una vez más, estirando su cuello sobre la extraña multitud, sonrió. ─ Te vi ─. Una espada se posa en su cuello. ─ ¿En serio? ─. ¿en que momento se había movido?, el hombre abre los ojos con una mezcla de horror y sorpresa, una leve sonrisa viciosa del Nefilim, unos ojos rojos escrutaban a su victima, entorna ligeramente los ojos sobre su presa ladeando la cabeza, amplía un poco más su sonrisa. ─ No, no eres quien manda aquí, eres un idiota que vendió todo