Capítulo 30: El primer arrepentimiento
El bar se llamaba El Santuario.
Un lugar discreto, con olor a humo, donde los hombres de negocios acudían a ahogar sus fracasos en whisky de doce años. Nathaniel lo frecuentaba —demasiado, últimamente.
Estaba sentado en el reservado del fondo, el que no se ve desde la entrada, el que acogía las confesiones más oscuras. Frente a él, su mejor amigo, Marcus Webb —el mismo detective que había investigado a Elena, pero aquella noche no estaba allí como profesio