Capítulo 4: La rival apareceEl sol apenas empezaba a salir sobre Ravenhill cuando Elena empujó la puerta del palacete de los Hart.No había dormido.Ni un minuto.La berlina negra había atravesado la noche como un fantasma, deslizándose por autopistas desiertas, adelantando ciudades dormidas. Elena había permanecido despierta, con los ojos fijos en la cinta gris de la carretera, su mano derecha apoyada sobre la maleta como para asegurarse de que todo aquello era real.Me fui.Firmé.Se acabó.Las palabras daban vueltas en su cabeza como un estribillo absurdo. Las giraba, las sopesaba, las probaba y ninguna parecía real. ¿Cómo podían caber tres años de su vida en un sobre blanco?—Señorita Hart, hemos llegado.El chófer apagó el motor. La verja de hierro forjado se abrió automáticamente, reconociendo la matrícula. Detrás, la propiedad familiar se extendía doce hectáreas de jardines, una avenida bordeada de cedros centenarios, y al fondo, la mansión.Elena había crecido allí.Había apr
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