696. Donde sostener empieza a doler.
Sostener deja de ser un gesto firme cuando el costo se instala en el cuerpo y empieza a marcar cada decisión.
El entorno se reorganiza con una precisión fría que ya reconozco, afinando sus bordes y ajustando cada zona a una lógica más exigente, donde la estabilidad que acabo de alcanzar se traduce en una carga sostenida que recorre mi respiración, mis músculos y la forma en que mi mente procesa cada nueva elección.
La superficie bajo mis pies adopta una textura más definida, casi viva, como si