663. Tenía razón en algo.
El silencio que deja atrás no es vacío ni neutro, sino pesado y denso, como si algo hubiera quedado suspendido en el aire con una inercia incómoda que no termina de disiparse, esperando que alguno de nosotros lo rompa primero y defina en qué dirección va a inclinarse todo lo que sigue.
No lo hago, porque sé que cualquier palabra lanzada sin control puede fijar un punto del que después no haya forma de volver, y Kael tampoco interviene, manteniendo esa quietud calculada que adopta cuando entiend