545. La línea que no debimos cruzar.
El aire arde esta noche.
No es metáfora. Hay humo real elevándose desde los restos del ala este, donde el incendio todavía respira como una bestia malherida. Las llamas tiñen el cielo de naranja y hacen que todo parezca más íntimo, más peligroso.
Estoy de pie en el balcón de piedra cuando lo siento detrás de mí.
Kael.
No necesito verlo para reconocer la tensión que trae consigo. Es como una corriente eléctrica que me eriza la piel antes de que su voz pronuncie mi nombre.
—Névara.
Mi nombre en s