Elise alzó la vista. En cuanto lo vio, su sonrisa desapareció. Su rostro se volvió gélido y la impaciencia destelló en sus ojos.
—¿Señor Locke? —preguntó con voz inexpresiva—. ¿Qué quiere?
Señor Locke. Aquello golpeó a Colsen con fuerza. Se le secó la garganta.
—Vine a buscarte... Vuelve conmigo. Tenemos que hablar.
—Ya no queda nada de qué hablar. —Elise lo miró como si fuera un completo desconocido—. No desde que nuestro divorcio se hizo definitivo.
—Ahora apártese. Tengo prisa.
Se dispuso