Capítulo 8: El amanecer de una Reina
Siete días habían pasado desde la batalla en la frontera. Siete días desde que el fuego azul limpió la podredumbre que Kael y sus aliados oscuros intentaron sembrar. La fortaleza del Eclipse ya no era solo una estructura militar de piedra negra; ahora, las enredaderas de flores de luna crecían por los muros a una velocidad antinatural, y el aire olía a ozono y a vida nueva.
Me encontraba en el balcón del Gran Salón, observando el valle. El cambio era asombroso. Donde antes había tierra estéril, ahora el pasto era de un verde vibrante. Los lobos de la manada de Valerius, y aquellos que me siguieron desde Colmillo de Plata, trabajaban juntos, reconstruyendo no solo los muros, sino la confianza entre ellos.
Sentí unos pasos pesados pero silenciosos detrás de mí. No necesité darme la vuelta para saber quién era. El aroma a humo y cuero lo delataba.
—Estás forzando demasiado tu conexión con la tierra, Lyra —dijo Valerius, deteniéndose a mi lado—. Tu pie