¡Oye! ¡Alto ahí! ¡Aquí no se permiten los malos! ¡Bang! —gritó Zade, corriendo a la cocina con una pistola de juguete.
Estaba jugando a un juego de detectives en el que era el oficial que perseguía a los malos.
—Zade, no juegues en la cocina. ¿No te lo advertí? —reprendió su madre, Ariel.
Lo siento, mamá. No pararon cuando les dije. Tuve que ir tras ellos para que no le hicieran daño a mi mamá.
Ariel se rió y le dio unas palmaditas en la cabeza.
—Está bien. Mamá está bien, ¿de acuerdo?
“¡Está bi