Los ojos de Grey se abrieron de par en par, sorprendido, al oír las palabras del guardia de seguridad flotando en el aire como un desafío. Se le heló la sangre y se quedó mudo por un instante.
Cinco minutos después, se encontraba en las puertas de su propiedad, con el suave sol de la mañana iluminando su hermoso rostro.
Junto a la puerta había una canasta tejida a mano y bien decorada y dentro había un bebé.
No es un bebé cualquiera.
Un niño de precioso cabello oscuro, con los puños apretados,