Mateo llegó al hospital donde yo estaba a la máxima velocidad posible.
Pero por más que buscó, no logró encontrar ni rastro de mí.
Preguntó en el hospital y solo le confirmaron que ya me había ido.
Sin rendirse, llamó a ese amigo, y este le dijo que ya hacía dos horas que me había visto entrar al quirófano.
Tras no conseguir nada en el hospital, regresó a casa de su madre.
Sin importarle que ella estuviera en la sala tomando mate, subió directo al segundo piso.
Aunque revisó toda