Estas rosas, incluso fuera de un espacio cerrado, me hacían toser, provocaban náuseas y estornudaba sin control.
Al taparme la nariz y la boca con disgusto, él finalmente cayó en la cuenta.
Como queriendo congraciarse, tomó el ramo de rosas y se apresuró a dejarlo fuera de la cafetería.
—Sobre el divorcio, supongo que tu madre ya te lo habrá dicho. Ya que viniste a buscarme, me ahorras iniciar el proceso legal.
Esa era la razón principal por la que había accedido a sentarme frente a él.