Los Rumores Corren
Claire se había quedado profundamente dormida, su respiración era pausada y sus mejillas, aunque pálidas, ya no estaban tan frías como antes. Freud se había acurrucado a su lado, con la cabeza apoyada en el vientre como si supiera exactamente dónde estaba el corazón de su misión.
Nate se inclinó y le susurró al gato con una sonrisa suave, acariciándole el lomo:
- Haz tu trabajo, guardián peludo. Cuídala... a ella y al bebé. No me falles.
El gato ronroneó sin abrir los ojos, c