Capítulo 40
Alegría verdadera
—¡Al demonio con esto! —escupió Logan con rabia, retrocediendo un paso—. ¡Lárgate de aquí, Eira!
Su voz temblaba. Ya no era la del Alfa imponente, sino la de un hombre que sabía que había perdido.
Sin su lobo, sin su control, sin su poder sobre ella… no era nada.
Eira lo miró con cautela, sin moverse todavía.
—¿Me puedo ir? —preguntó, dirigiendo la mirada a Luna, que seguía de pie, majestuosa y etérea.
Luna asintió, y su voz fue suave esta vez, diferente al tono co