No solo eso, Águila también había ido, adoptando una actitud de mediadora.
—Señora Bustos, ¡seguro que hay algún malentendido! ¡Hablemos con calma!
Enzo arrugó el entrecejo.
—¿A qué debo su inesperada visita, señora Bustos?
Olaya miró a Celia con hostilidad, mostrando una cara completamente distinta a la amable de la noche anterior.
—¡Pregúntale a tu hija! Anoche estuvo con mi hijo, Paulo, y de la nada, ¡le partió la cabeza! Mi hijo ahora está en el hospital. Si no me dan una explicación, ¡iré a