Al salir del ascensor, Lía no dejaba de seguirla, haciéndose la dulce.
—Por cierto, Celia. Es mi primera vez en Rivale y no conozco a nadie. ¡Eres la única persona que conozco! Por favor, no me abandones…
Celia se volvió hacia ella y sonrió con impotencia.
—Tranquila, no voy a abandonarte.
—¡Eres tan amable! —Lía le tomó del brazo, riendo.
Celia sintió un poco de curiosidad. Hacía un momento esta joven aún estaba sumida en la tristeza, ¿por qué parecía tan alegre?
Celia la llevó a la oficina y l