Un escalofrío recorrió la espalda de Celia y no pudo evitar apretar los puños. ¿Acaso la había reconocido? Luna pareció notar su incomodidad e intervino de inmediato:
—Solo quiero charlar un poco con mi colega. ¡Pronto me voy!
Mario desvió la mirada, sin mostrar ninguna alteración, y dijo con satisfacción:
—Mientras vivas tranquilamente con Sergio, todo está bien. Aún tengo asuntos que atender, me voy ya.
—De acuerdo —respondió Luna.
La mirada de Mario pasó por Celia y se dirigió pensativo al se