Celia volvió la cabeza para mirar por la ventana.
—No tienes por qué explicármelo. No me interesa saber quién es ella.
Él emitió un leve sonido de asentimiento. Iba a decir algo más, pero un sabor metálico llenó su boca. Giró la cabeza y contuvo una tos con su pañuelo. Ella lo observó con semblante serio, pero al final no le hizo la pregunta, y César se recuperó pronto.
—¿Dónde te alojas ahora? Puedo pedirle a Nicole que te lleve de vuelta.
—No hace falta. Me quedo muy cerca.
Celia fijó la vista